Dos finalidades que conviene distinguir
En la asistencia, la evaluación se organiza para comprender el malestar y orientar la intervención terapéutica. En la pericia, el punto de partida es una cuestión concreta del procedimiento, como la repercusión funcional de una alteración o el alcance de las conclusiones de un dictamen anterior. Echeburúa et al. (2011) desarrollan esta distinción entre marcos de trabajo. Se trata de una referencia metodológica, que debe situarse en su fecha de publicación.
Por eso, solicitar al terapeuta que añada la palabra «pericial» a un informe no transforma el trabajo que realmente se ha realizado. La pregunta útil es qué actuaciones y fuentes permiten responder al asunto que necesita aclararse.
El valor de los informes que ya tienes
Los documentos asistenciales pueden aportar fechas de consulta, síntomas registrados, tratamientos y cambios descritos durante el seguimiento. Antes de encargar una nueva evaluación resulta útil reunirlos y ordenar su cronología. Un informe reciente y una nota elaborada próxima a los hechos pueden aportar información distinta, por lo que interesa conservar ambos con sus fechas originales.
También ayuda identificar qué fragmentos corresponden a lo referido por la persona y cuáles recogen observaciones o resultados obtenidos por el profesional. Esa separación permite explicar de dónde procede cada dato.
La cuestión que debe responder la pericia
En lugar de pedir «un informe para el juicio», conviene concretar qué necesita analizarse: las consecuencias psicológicas de unos hechos, las capacidades relevantes en una fecha, una evaluación familiar o el método de otro informe. Esta formulación permite decidir si procede una exploración directa, una revisión documental o actuaciones combinadas.
La literatura profesional reciente destaca la necesidad de diferenciar los datos y sus interpretaciones y de conectar las conclusiones con el objeto del encargo (Muñoz et al., 2026).
Cómo plantear la primera consulta
Puede bastar inicialmente con explicar el tipo de procedimiento, la documentación disponible y los plazos conocidos. Después se acuerda el modo de revisar los documentos pertinentes y se concreta el alcance del servicio. La conversación inicial debe ayudarte a entender qué trabajo se propone y para qué sirve, antes de decidir si quieres contratarlo.
Una explicación técnica comprensible permite aprovechar la información clínica existente y planificar la pericia que necesita el asunto. El resultado debe poder leerse como un razonamiento sobre el caso, con sus fuentes identificadas, y no como una acumulación de diagnósticos o documentos.
Referencias
Echeburúa, E., Muñoz, J. M., & Loinaz, I. (2011). La evaluación psicológica forense frente a la evaluación clínica: propuestas y retos de futuro. International Journal of Clinical and Health Psychology, 11(1), 141–159. https://www.aepc.es/ijchp/articulos_pdf/ijchp-375.pdf
Muñoz, J. M., González-Guerrero, L., & Arch, M. (2026). Orientaciones prácticas y propuestas de mejora para la elaboración del informe pericial psicológico en el contexto legal español. Papeles del Psicólogo, 47(1), 10–17. https://doi.org/10.70478/pap.psicol.2026.47.02